martes, 24 de julio de 2012

La Plaza Jamaa el Fna en Marrakech.

Cuando estuve en Marrakech al primer sitio al que quería ir es a la Plaza Jamaa el Fna, todo el que había estado allí me había hablado apasionadamente de ese lugar y cuando buscaba información en internet es casi lo primero que te encontrabas. Y, efectivamente, no me defraudo. Fui por la tarde el día que llegue, volví todas las tardes y ese lugar que trasmitía infinidad de sensaciones, siempre me cautivaba y sorprendía.

Iba de un corro de gente, entre una multitud de vendedores ambulantes de todo tipo, a otro corro. Músicos, unos con bailarinas que eran bailarines y otros sin ellos; un cuentacuentos y aunque no entendía nada, la pasión que ponía el narrador y el entusiasmo con el que escuchaba la gente, me fascinaba; después un encantador de serpientes, alguien con un mostrador lleno de dientes y dentaduras y cerca otro que vendía cucuruchos de caracoles cocinados. Entre un espectáculo y otro, un zumo de naranja y unos frutos secos, de pronto acróbatas, un malabarista, un vendedor de agua sin agua, pero dispuesto a que le hicieras una fotografía por unas monedas, mujeres tatuando con henna, y gente, mucha gente yendo y viniendo de un sitio para otro, que también forman parte del atractivo de la plaza. Había turistas, como yo, pero realmente nos diluíamos entre la muchedumbre; de aquellas miles de personas la mayor parte eran gentes de allí, de Marrakech, o quizás de localidades cercanas, o de puntos más distantes de Marruecos que también habían ido a disfrutar de esa plaza mágica.

 

 




















La actividad en la Plaza Jamaa el Fna, la gente y sus costumbres, es realmente todo un espectáculo en el que se entremezclan sonidos, colores y olores que inundan los sentidos y como occidental que eres te transportan a un tiempo en el pasado; en el pasado lejano. No obstante, ciertos detalles te devuelven constantemente al presente: el vendedor vestido tradicionalmente pero hablando por un móvil, una jovencita con pañuelo pero con “Levis” modernos, un muchacho con zapatillas y pantalones de “rapero”, el vendedor de frutos secos del “barça” que te habla de algún partido o de algún jugador, un bereber bebiendo una coca-cola y un turista haciendo fotos como tú.

Según cae la tarde los puestos de comida van llenando la plaza. Grandes sartenes y planchas humeando y mostradores en los que abundan los productos del mar traídos de la costa, contribuyen, junto con los olores de las especias, a despertar el apetito y a poner en juego otro sentido más, el gusto. Los posibles platos a degustar son muy diversos, desde carnes, pescados y mariscos a la plancha o pinchos variados, hasta el típico y sabroso tajine de pollo o cordero con verduras, o sólo de verduras, o también un couscous, o cordero preparado de otras muchas formas. Después la actividad continúa en la plaza hasta bien entrada la noche. Grandioso.

Saludos flamencos,

Nota: Este artículo forma parte de una trilogía sobre un viaje que hice a Marrakech con un grupo de nuevos pero grandes amig@s.



2 comentarios:

  1. que maravilla. Marruecos a mi parecer es el pais mas interesante de Africa sin contar las piramides. Fez, Marrakech, Casablanca, ?Tanger son un espectacular viaje al pasado.

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    1. A mi también me lo parece Lilly, y lo tenemos aquí a la vuelta de la esquina. Espero volver pronto.

      Saludos flamencos,

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