El Jardín de Majorelle en Marrakech. Un lugar refrescante para el cuerpo, la mente y el espíritu.

El Jardín de Majorelle es un jardín botánico y sede del Museo de Arte Islámico que fue regalado a la ciudad de Marrakech por el modisto francés Yves Saint Laurent. Fue diseñado por el pintor francés Jacques Majorell (1886-1962) en 1924 en torno a su casa y su estudio, pero lo abrió al público en 1947. En 1980 fue adquirido por Yves Saint Laurent y su amigo Pierre Bergé que lo restauraron, no sólo conservando el espíritu del pintor sino, también, aumentando el número de especies vegetales.

Para disfrutarlo completamente y en toda su dimensión hay que ir al segundo o tercer día de estar en Marrakech. Cuando sientes cierto cansancio físico de estar prácticamente todo el día de pie y caminando, los sentidos los tienes bastante saturados de tantas emociones, ya has tomado té varias veces en unos lugares muy sugerentes y también unos extraordinarios zumos naturales de naranja, pero la amabilidad y la insistencia de los vendedores se te presenta casi como una agresión, el regateo al intentar comprar algo supera todas tus capacidades mentales, el paisano de la serpiente que hace ademán de ponértela encima para la foto ya no te hace ninguna gracia, el ruido de la moto, el motorista, el burro, los tambores, el bullicio, todo te exaspera, …, entonces. Entonces es el momento de salir de la medina y visitar el jardín. 

El Jardín de Majorelle está situado en la parte nueva de la ciudad, Guéliz, por lo que desde la medina, que es donde estábamos hospedados en un riad, hay un buen trecho que cubrimos en calesa, pero tras otro duro y agotador regateo por el precio. El paseo, sin embargo, fue muy agradable, hacía un día espléndido y el calor era más que soportable para un grupo de murcianos.  



Una de las primeras cosas que agradeces cuando llegas al jardín es que el precio es fijo, no hay que regatear. Luego entras en un lugar con una vegetación frondosa, existe un fuerte contraste de luces y sombras en el que resalta llamatívamente de entre el verde de la vegetación, y los colores suaves y cálidos de las flores, el intenso azul cobalto de las construcciones que aquí toma el nombre de “azul Majorelle”.

Es un lugar pequeño pero que alberga numerosas especies vegetales de los cinco continentes entre las que destacan la colección de cactus y buganvillas distribuidas entre algunas fuentes y un pequeño estanque con nenúfares y tortugas. También se han identificado más de 15 especies de aves que sólo se encuentran en el área del Norte de África. El sonido del agua, el canto de los pájaros, la vegetación y los múltiple colores entre luces y sombras, proporcionan paz al espíritu, relajan la mente, refrescan el cuerpo, te cargan de energía vital y recuperas la confianza en ti mismos para regresar de nuevo a la maravillosa y excitante medina con su rítmico bullicio y su poderoso colorido. Esta terapia la reforzamos al medio día con un cuscus suave de verduras y una siestecita reparadora. Después volvimos nuevamente entusiasmados al zoco, a las calles y a la plaza Jamaa El Fna, cuando toco enfrentarse al regateo lo hicimos con entereza y valentía y aunque siempre pierdes -no tengo ninguna duda al respecto- lo haces con dignidad. Prodigioso.

Saludos flamencos,  

Nota: Este artículo forma parte de una trilogía sobre un viaje que hice a Marrakech con un grupo de nuevos pero grandes amig@s.


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Comentarios

  1. No te había visto desde hace mucho, y he disfrutado otra vez yendo en tu calesa . y feliz 32 bailando

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