jueves, 17 de julio de 2014

Dándole una vuelta a Islandia por la Ring Road: En la península de Vatnsnes, focas, aves acuáticas, una zagala española, y una sopa de pescado o Fiskisúpa ¡Insuperable!


La península de Vatnsnes está entre las ciudades de Reykjavik y Akureyri, en el nordeste de la isla. Aproximadamente a unos 190 km del aeropuerto. A la altura de Laugarbakki por la Ring Road tomamos la carretera 72, primero pasamos una pequeña población y después continuamos por una pista de tierra y en la parte central de la península hay dos lugares donde se pueden observar las focas; están indicados con la figura de una foca en un cartel, no tienen pérdida. Y este es su principal atractivo, además de un paisaje realmente bello. Efectivamente, es un lugar citado sobre todo por las colonias de focas, particularmente la foca común (Phoca vitulina), que es la especie más abundante en Islandia, y la foca gris (Halichoerus grypus); ambas son las únicas especies de pinnípedos que se reproducen en la isla. También es un lugar con una gran abundancia de aves acuáticas: charran ártico, cormorán, eider, archibebe, chorlitejo grande, etc. Y además me tope, por casualidad, con una extraordinaria sopa de pescado que me sirvió una zagala compatriota muy maja.


Buena música para un paseo por la península de Vatnsnes

Escribiendo este texto, y recordando las sensaciones que experimente aquel día, me vino a la cabeza el magnifico tema de Joe Zawinul “Birdland”, que aquí les dejo tomado prestado del canal de SoldatoPalldiLard0 de YouTube. Se trata de la versión original de Weather Report, ya saben esa magnifica banda que estaba formada por Joe Zawinul (teclados), Wayne Shorter (saxos soprano y tenor), Jaco Pastorius (bajo eléctrico), Alex Acuña (batería) y Manolo Badrena (percusión).




Del aeropuerto a la península y un pájaro pequeño pero con mucho peligro para la circulación

En la península de Vatsnes estuve el primer día que llegue a Islandia. A la 5:00 h aterrice en el Aeropuerto Internacional de Keflavik y una hora más tarde estaba ya en la Ring Road conduciendo un Volkswagen Polo, eso sí, muy despacio porque me recibió una niebla mucho más que densa; afortunadamente a medio día despejó completamente. No fui directo a la península me desvié para ver el salto de agua de Barnafoss, pero eso es otra historia que ya les contaré.

En algún lugar al norte de Reikiavik.

Al hotel, en Laugarbakki junto a la península, llegué sobre las 16 horas, deje la maleta y, como tenía mucha hambre, pregunte al recepcionista, pero me dijo que la cocina ya estaba cerrada, aunque podrían hacerme un sandwich. Menos da una piedra. El sandwich resultó ser muy inglés, de queso con mermelada de franbuesa, no estaba para tirar cohetes pero calmo a la bestia. Además, fueron muy amables; nada que objetar.

Salí disparado hacía la península. Desde la Nacional-1 hay que coger la carretera 72, se pasa por una pequeña población, Hvammstangi, que seguidamente se continua por la 711, y poco después es una pista de tierra prensada. A mitad de camino había una señal de tráfico de peligro que nunca antes había visto. Representaba a un charran ártico al vuelo y amenazando a un vehículo. Y, efectivamente, pronto lo comprendí, en torno a la pista había una colonia de charranes que debían estar en plena época de cría, y se abalanzaban amenazantes sobre los intrusos para alejarlos de su área de anidamiento, aunque estos fueran en coche ¡Homérico!

Hrútafjördur.

Charran ártico. Este estaba durmiendo la siesta.

Mi primer encuentro con focas, a distancia, pero encuentro al fin y al cabo

Hay al menos dos lugares de observación de focas que no tienen pérdida, porque están señalizados y están junto a la carretera. En el primero hay que caminar un poco y frente a la costa hay unos islotes muy planos donde suelen estar las focas. Están a cierta distancia por lo que para una buena observación es bueno llevar unos prismáticos y para fotografiarlas un teleobjetivos de cierta potencia; yo llevaba, para que se hagan una idea, un zoom 100-400 mm. La tarde era soleada y relativamente cálida -para un Murciano yo diría que algo fresquita; llevaba puesto un jersey-, y las focas reposaban sobre las rocas, muy quietas, algunas “panza arriba” como mi gato; la verdad que prácticamente no se movieron durante la hora que allí estuve. Pero aun así fue un rato muy agradable; el mar estaba increíble.





Segundo avistamiento de focas y, sorpresa, un montón de aves

Después me dirigí al siguiente punto. Este estaba algo más apartado de la carretera pero en gran parte el camino discurría por la costa en la que se alternaban pequeñas playas y rocas. El paseo estaba muy animado, con un montón de aves acuáticas, con las que lógicamente me entretuve un buen rato. Lo primero que vi, en una playa de guijarros, fue un grupo muy nutrido de charrán ártico, también con actitud amenazante. Había numerosas hembras de eider con los pollos, pero machos no vi ninguno aquella tarde. No deben participar en la guardería de los patitos como otras especies de anátidas; el tarro blanco o la malvasía cabeciblanca, por ejemplo. En las playitas de arena, y sobre las algas descubiertas por la marea baja, observe numerosas especies aunque fotografiar con cierta calidad sólo acerté con el ostrero, archibebe común y chorlitejo grande. Y, bueno, también vi un orgulloso cabrón sobre un risco oteando el horizonte.


Ostrero y un par de archibebes.

Chorlitejo grande.

Dos hembras de eider y patitos.

Ostrero.


Al final de la senda se llega a un pequeño observatorio hecho de obra. Aquí los ejemplares estaban también en unos pequeños islotes chatos justos en frente de la costa, y a menor distancia que la anterior colonia, pero, aun así, también son necesarios prismáticos y teleobjetivo. Aquí también reposaban tranquilamente aunque pude presenciar algunos tímidos movimientos. En las rocas había también un grupo de cormoranes. En un momento dado me dí cuenta que un charran ártico estaba planeando junto al acantilado en el que yo estaba, miraba hacia abajo y descendía como una flecha a capturar algún pez. Esto, el capuzón, la verdad que no lo podía ver; me tapaba el acantilado. Pero le pude hacer alguna buena fotografía mientras planeaba (algunas están disponibles como fondos de pantalla).


Cormoranes.



Charran ártico localizando la pesca.

Para cenar "fiskisúpa", o una sopa de pescado, y, mira por donde, una zagala española

Cuando volvía a recoger el coche pera ir al hotel a cenar vi un cartel que en dirección contraria rezaba: “Seafood, five minutes”. No lo pensé dos veces y allí que me dirigí; me libraba de la cena inglesa que me aguardaba en el hotel. Era un pequeño restaurante muy agradable, mejor dicho, una pequeña casa de comidas con una decoración sencilla, pero muy “coqueta”. La oferta era única, ensalada y sopa de pescado o de lentejas. Aunque soy un gran entusiasta de las lentejas opté por la sopa de pescado; tenía entendido que era un plato muy tradicional de la isla y, obviamente, había que probarlo. La ensalada, que me sirvió una jovencita muy maja, me sorprendió, tenía un toque muy mediterráneo, además de lechuga y tomate llevaba cebolla, rayadura de zanahoria, queso, olivas, y me dieron una aceitera para que yo me sirviera el aceite, que era de oliva virgen extra, muy rico si señor. La sopa ¡Qué sopa! Era muy sustanciosa, con numerosos trocitos de pescado sin espinas: salmón y bacalao. Cuando termine de tomar la sopa, la zagala, y probablemente porque observó que deje el plato más limpio que una patena, se acercó y me dejó una sopera en la mesa para que le tirara ad-libitum -¡Sorprendente! como el pote en Asturias- , y, como soy muy respetuoso con las costumbres locales, así hice.

Seafood, junto a la torre.

Cuando la zagala, con mucha elegancia, me sirvió el postre, un pastel de queso muy sabroso, me preguntó: where do you from?, respondí muy orgulloso: “from Murcia, in the south east of Spain, near Benidorm” -todos los islandeses saben donde está Benidorm-. Y en un perfecto castellano exclamó “anda, yo también soy española”; pero no era de Murcia, la “s” y consonantes finales las pronunciaba perfectamente. Tremendo, era una zagala española, estaba pasando el verano allí, trabajando y practicando inglés. Su madre era amiga de la dueña que pasaba temperadas en España durante el invierno; ahora comprendí lo de la ensalada mediterránea. Cuando me iba, entré en la pequeña cocina y felicité efusívamente a la dueña que era también la cocinera, y a la zagala, que me acompañó a la puerta, le di un par de besos, como corresponde entre españoles, y mirando al exterior -a unos caballos en el prado que tenían por fondo el mar y el cielo de ese largo atardecer islandés- exclamé suspirando: ¡Qué lugar tan maravilloso! ¿Estarás disfrutando mucho? Y a la zagala, que estaba sonriendo, le cambió el semblante. Comentó que allí, en aquel lugar donde sólo se respiraba naturaleza, se aburría, que para unos pocos días el lugar era encantador, pero no para estar todo un mes. Además, con las focas no podía practicar el inglés. Entendí perfectamente a la zagala, recordándome a mi mismo de zagal; cada edad tiene “sus cosas” y, en mi opinión, lo suyo es disfrutar de lo que toca en cada momento de la vida.


A dormir que el cuerpo no aguanta más

Finalmente me dirigí al hotel, caí rendido, había sido un día muy largo, parecía que llevaba un mes fuera de Murcia. Dormí con un sueño tan profundo que si hubiera entrado en erupción un volcán allí mismo, no me hubiera enterado. Pero, eso sí, a las 7 de la mañana del día siguiente ya estaba desayunando y preparado para seguir por la Ring Road, rumbo al norte; siguiente hotel en Akureyri, donde también comí una excelente fiskisúpa y mucho más, pero esa es otra historia que conocerán si tienen a bien pasarse por aquí.

Saludos flamencos,


2 comentarios:

  1. Me quedo la del restaurante y la de los caballos!!!

    Creo que lo de que hay Gallegos hasta en la Luna lo vamos a tener que cambiar por Hay Españoles hasta en la Luna, bueno a no ser que fuera Gallega jejjeje. Yo soy un Gallego que vive en Alicante y los primeros meses que pasé aquí la mayoría de la gente con la que hablaba preguntaba afirmado "Tu no eres Español verdad? " jajjaja

    Saludos.

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    Respuestas
    1. No tenía acento gallego la zagala, pero nunca se sabe. En América del Sur lo que ocurre es que a todos los españoles nos llaman gallegos. En Venezuela cuando maticé que era murciano, no lo llegaron a entender y finalmente me llamaba el murciélago.

      Saludos flamencos,

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